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"En América"

GFX Sinopsis

Sin un duro en el bolsillo, Johnny -Paddy Considine- y Sarah -Samantha Morton- se instalan en un edifico de un caótico Nueva York habitado por drogadictos, drag queens y una colorida diversidad de variopintos personajes, y tratan de convertir un entorno más propio de una película gótica de terror en un verdadero hogar.

Desde tener que arrastrar un aire acondicionado de aspecto dudoso por todo Manhattan a trabajar en lo primero que caiga en sus manos, todo se le hace cuesta arriba a la pareja. E incluso, mientras ellos ven América como un sitio lleno de desafíos, peligros y cosas extrañas, sus hijas parecen verla como un lugar mágico donde puede pasar cualquier cosa, un lugar que podría liberarles de todo el sufrimiento que han venido arrastrando.

En Halloween, Christy y Ariel -las hermanas Sarah y Emma Bolger- se atreven a llamar a la puerta del "hombre que grita", un misterioso vecino suyo de nombre Mateo -Djimon Hounsou-, y todo cambia. Cuando la familia se encamina a una crisis que parece definitiva, Mateo se convierte en su inesperado aliado en el territorio en el que pueden seguir existiendo la esperanza, la confianza e incluso la magia.



Notas de producción

Del magistral narrador de historias que es Jim Sheridan ("Mi pie izquierdo", "En el nombre del padre") llega un crudo relato profundamente personal y emotivo sobre una familia que trata de encontrar su sitio y su alma en los Estados Unidos.

A través de los ojos de dos jóvenes heroínas abiertos de par en par, Sheridan transforma una devastadora tragedia humana en una historia fascinante y teñida de humor sobre los recuerdos, el amor, los secretos, el reunirse y el comenzar de nuevo.

Empezar partiendo de cero es un clásico del sueño americano. Pero es algo muy
difícil de conseguir, como los emigrantes irlandeses Johnny y Sarah (Paddy Considine y Samantha Morton) descubren cuando van de aquí para allá por las calles del Manhattan moderno, con sus dos animosas jóvenes hijas a su cargo y han de lidiar con un panorama tan cómico y lleno de aventuras como insólito y aterrador.

Basada parcialmente en las propias experiencias autobiográficas de Jim Sheridan
cuando emigró a los Estados Unidos, "En América" ha sido dirigida por él mismo,
partiendo de un guión escrito por el propio Sheridan y sus dos hijas, Naomi y
Kirsten Sheridan. El reparto incluye a la nominada al Oscar por "Acordes y
desacuerdos", Samantha Morton ("Minority report"), a Paddy Considine ("24 hour party people"), a Djimon Hounsou ("Amistad", "Gladiator") y a las hermanas Sarah Bolger ("A love divided") y Emma Bolger (en la película con la que debuta en el cine). El filme ha sido producido por Jim Sheridan y Arthur Lappin.


Poniendo en pie "En América"

Las películas más conocidas del director y guionista Jim Sheridan (las oscarizadas "Mi pie izquierdo" y "En el nombre del padre") están ambientadas en
Irlanda, la tierra natal de Sheridan. Pero el mismo Sheridan dejó atrás Irlanda
mucho antes de hacer estos largometrajes y se dirigió a los Estados Unidos en un
intento de convertirse en director de teatro en Nueva York. Sus vivencias al llegar a América, sin un duro en mitad del sofocante calor del verano, con su familia (su mujer y sus dos hijas) fueron más delirantes, más cómicas y más repletas de desafíos que nada de lo que hubiera vivido hasta aquel momento.

Esta época fue crucial para Sheridan, pero le tocaba tan de cerca por entonces que no se podía usar como fuente de inspiración. No fue hasta más tarde, cuando en 1989 Sheridan estuvo nominado al Oscar por su primera película, "Mi pie izquierdo", cuando encontró la fuerza necesaria para mirar hacia atrás.

Todo empezó cuando Sheridan se encontraba en Los Ángeles para los Oscars y se presentó inesperadamente un vecino de su viejo piso en los tumultuosos días de la Cocina del Infierno de Nueva York. Después de hablar de viejos amigos comunes que habían sobrevivido y habían emprendido exitosas carreras artísticas, así como de aquellos que no lo habían logrado, el amigo de Sheridan le trajo muchos recuerdos del lugar en el que en tiempos había vivido, "esa casa que fue una bendición".

La frase le impresionó a Sheridan, y empezó a imaginar una película sobre aquellos extraordinarios tiempos y lugares; una en la que su familia aprendió de primera mano que lo terrible y lo milagroso pueden coexistir al mismo tiempo en la vida.

Mezclando sus propios recuerdos de cuando se fue a vivir a los Estados Unidos con reminiscencias de una propia tragedia familiar (Frankie, el hermano de Sheridan, falleció a causa de un tumor cerebral), Jim Sheridan comenzó a encontrar una estructura para esta historia. Creó unos personajes que se alejaban bastante de aquéllos a quienes había tratado en su vida real, siendo más una amalgama de diferentes miembros de su familia y de docenas de variopintos personajes a los que había conocido cuando llegó por primera vez a la ciudad de Nueva York.

Para dar mayor autenticidad a la película, también invitó a sus hijas, Naomi y
Kirsten Sheridan, quienes son dos jóvenes y prometedoras directoras y guionistas, para que aportaran su granito de arena creativo, en especial en las escenas en las que aparecen las dos hijas de la familia. El resultado es "En América", la película más personal de Sheridan hasta la fecha.

"Muchas de las cosas que tienen lugar en la película nos sucedieron realmente a
nosotros", dice Sheridan. "Yo empujé de verdad un aparato de aire acondicionado
por Nueva York y perdí un montón de dinero tratando de ganar una muñeca en una
caseta de un parque de atracciones, y también tuvimos un bebé prematuro, pero
claramente he añadido y cambiado también un montón de cosas, incluyendo la
época en la que transcurre la historia. De hecho, en algunos casos, como la verdad supera a la ficción, tuvimos que eliminar ciertas cosas que ocurrieron realmente porque parecían completamente inventadas".

Sheridan dice que necesitó muchos años para escribir la película porque le era difícil escribir sobre ciertos acontecimientos que eran terriblemente cercanos a la vida real y a sí mismo. Sabía que estaba corriendo un riesgo. "En los guiones tradicionales, siempre estás intentando hacer que todo funcione a un cierto tipo de nivel intelectual y lógico, pero en la vida real no se funciona así", explica. "La vida real tiende a tener una lógica más profunda de la que no somos conscientes de manera inmediata, que no encaja con lo que nosotros llamamos la perfecta estructura en tres actos. Y luego estaba el tema de escribir sobre mí mismo, pues quería evitar la idea de `bueno, he buceado dentro de mí y no he encontrado nada negativo´, pero también intentaba hacer el personaje de Johnny más agradable de lo que quizás fuera en la vida real". (Al final, Sheridan veía el personaje de Johnny como basado en parte en sí mismo y en otra parte como una creación de Paddy Considine).

Al mismo tiempo, Sheridan quería mostrar, con todo lo visceral que la emoción
puede llegar a ser, que la verdad que amenaza a la familia de la historia proviene de dentro de ella misma más que nacer del caos de la ciudad. "Siempre sentí que vivíamos en un Nueva York lo suficientemente seguro para los drogadictos y los transexuales y que lo que es realmente peligroso es el rechazo", dice Sheridan.

"Johnny tiene que enfrentarse a la idea de que no puedes alejar a tu familia de la pérdida y la incertidumbre, al menos, no escondiéndote. Pero les puedes amar y el mismo amor es un tipo de protección".

Como escribió Sheridan, la película se convirtió en algo más que la típica
autobiografía y se transformó en un trozo de vida en sí mismo, aportando algo
nuevo al trabajo de Sheridan; una desenfada sensación de realismo mágico, del
encantamiento y el misterio que se encuentra detrás de la realidad del día a día.

"Para mí, la película trata en definitiva de los prodigios", afirma. "Trata de intentar ver el mundo con una cualidad mágica y casi infantil. Es una perspectiva de Manhattan como de una isla de sueños que ayuda a una familia a redescubrir los profundos lazos que les unen. También me gustaría pensar que es un poema de amor a mi mujer y mis hijas".

Para Sheridan, Johnny y Sarah representan una nueva ola de emigrantes americanos. "Como muchos irlandeses hicieron antes que ellos, dejaron su país desesperados y llegaron a una nueva tierra. Pero no era una desesperación política o económica lo que les llevaba a los Estados Unidos, era una desesperación emocional. Necesitaban un milagro, una transformación real". "Necesitan dejar atrás el sufrimiento que habían experimentado para poder encontrar su futuro".

Johnny y Sarah, al igual que sus dos hijas, están deseosos de romper el círculo de amargura que les impide disfrutar plenamente de su nueva vida. Con su propio y misterioso poder, el desconsuelo parece perseguir literalmente a la familia, como un fantasma que estuviera siempre con ellos en la habitación. Sheridan tuvo que vérselas con sus propios sentimientos por la muerte de su hermano mientras
trabajaban en la película. "Pienso que la enfermedad de Frankie y su posterior
muerte me afectaron muy profundamente", reconoce. "Había una pérdida de
confianza, real; como si el Cielo se hubiera caído del firmamento. Pero en todo
caso, me hizo centrarme más en las cosas verdaderamente importantes de la vida".

No obstante, en contraposición con las desgarradoras convulsiones emocionales de
la película, Sheridan quiso aderezar el guión de muchas situaciones cómicas.
"Sentía que era necesario contrarrestar el abrumador drama de la historia con una cantidad igual de humor", dice. "Gran parte del mismo está presente en una
historia un tanto embarazosa sobre lo que es vivir cosas como Halloween o el
tiempo en Nueva York por primera vez".

En el desarrollo de "En América", Sheridan trabajó con su productor y colaborador durante mucho tiempo, Arthur Lappin. Cuando Lappin leyó el borrador final del guión de "En América", se sintió cautivado por cómo Sheridan había tomado sus propias experiencias y las había alterado hasta construir una historia completamente universal sobre cómo encontrar la fortaleza para empezar de cero.

"La historia es muy compleja a la hora de cómo usa Sheridan sus propias vivencias para conformar el argumento sin que se convierta en una película autobiográfica", señala Lappin. "Como pasa siempre con Jim, a él nunca le da miedo adaptar y cambiar un material que ya existe para lograr una historia más convincente y evocadora. En todas sus películas, ha sido siempre fiel al espíritu de la `realidad´ de la fuente; sea la de Christy Brown en `Mi pie izquierdo´ o la de Gerry Conlon en `En el nombre del padre´, aunque sin aferrarse ciegamente a los detalles".

Continúa Lappin: "En el fondo, he encontrado edificante la historia de `En América´. Sigue un periplo por el que muchas otras personas han tenido que pasar: vencer la pena y empezar una nueva vida. Lo que más me gusta de la película es que contiene una sensación real de esperanza, que creo que ahora es algo muy necesario, una sensación de vida más allá de la tragedia, de abordar un futuro mejor".


Un matrimonio al borde de la ruina en América

El corazón y el alma de "En América" descansan en los personajes de la película; los cuatro componentes de esta familia recién llegada a los Estados Unidos y su
misterioso vecino Mateo. Desde el principio, Jim Sheridan supo que necesitaba a
actores que pudieran hacer que los personajes cobraran vida con naturalidad, que
pudieran encarnar a Johnny, Sarah, Christy y Ariel como si éstos formaran una
familia de carne y hueso que se enfrenta a una crisis real como la vida misma, con una mezcla de humor, miedo y verdadera fuerza de voluntad.

Al igual que el calor aumenta dentro de su piso de Nueva York, Sheridan quería que el público sintiera cómo también sube la temperatura emocional. Por su bagaje profesional en el teatro, Sheridan siempre ha sabido hacer que funcione el engranaje de un reparto.

El productor Lappin señala: "Jim se ha hecho famoso por su habilidad para sacar lo mejor de un actor, o por ofrecer a un actor la posibilidad de sacar lo mejor de sí mismo, y creo que esta película no es una excepción, en especial en lo que se refiere a las interpretaciones de Samantha Morton y Paddy Considine, así como de sus dos hijas, que son realmente extraordinarias".

Para interpretar a Johnny, un padre joven que se ha convertido en un fantasma
viviente que busca en Manhattan las señas de su antigua personalidad tras la
trágica muerte de su hijo, Sheridan escogió al prometedor actor británico Paddy
Considine. Aunque Sheridan estaba buscando a un actor irlandés, después de ver a
Considine en su aclamado papel de un obsesivo solitario en la película
independiente británica "A room for Romeo Brass", cambió de idea y quedó
entusiasmado.

Relativamente desconocido para el público en los Estados Unidos, Considine ha sido denominado "el secreto mejor guardado" del cine inglés y su cotización está subiendo como la espuma, habiendo podido ser visto más recientemente en la alabada por la crítica "24 hour party people".

"Creo que el de Johnny es un papel muy difícil", admite Sheridan, "Él no es un
héroe normal porque es un hombre que se ha aislado del mundo, que ha perdido su
capacidad de ser vulnerable, de actuar, de hacer funcionar su imaginación. Pero
también sabe que no puede decepcionar a su familia, porque se la ha traído a
Nueva York buscando una vida mejor y todavía siente algo por ella. Paddy se las
arregla para hacer que este dilema siga resultando interesante a lo largo de toda la película y nos muestra que la salida para Johnny no va a estar en la acción sino únicamente en algo que se encuentra más en el fondo. Debajo de todo esto, Paddy muestra una gran fuerza emocional y también un gran sentido del humor".

A Considine le encantó gozar de la posibilidad de trabajar con el director Jim Sheridan. "Sus películas son siempre historias de una gran calidad humana y creo que iba a ser una gran oportunidad para un actor", explica. "Una película no me atrae a menos que tenga personajes por cuya suerte te intereses, y esta película trataba de personas que considero que son muy auténticas".

Pero por encima de eso, a Considine le atrapó la concepción de Sheridan del
personaje a nivel personal. "Cuando leí el guión entendí al instante a Johnny",
continúa Considine. "Yo no he perdido a un hijo ni nada por el estilo, pero la forma en la que Johnny ha perdido la confianza era algo con lo que podía identificarme. Lo conocía. Es extraño, pero la película me llegó en una época en la que yo también había perdido confianza en lo que estaba haciendo como actor. Sentía que lo que estaba haciendo era algo sin sentido y eso fue lo que me atrajo de verdad de Johnny... e interpretar al personaje me ayudo en cierta forma a recuperar la confianza en mí mismo. Porque eso es de lo que trata la película: trata de levantarte del suelo, volver al camino y empezar a creer de nuevo".

Añade: "No se trata sólo de sobrevivir en circunstancias difíciles, se trata también de gente que de verdad aceptan a los demás, de una familia que encuentra su fuerza. Ya sabes lo que pasa en la vida: justo cuando empiezas a pensar que las cosas no pueden ir a peor, se ponen aún más feas, pero es en esos momentos
cuando la gente se une de verdad y, de una manera extraña, descubren quiénes
son realmente".

Considine trabajó duramente para reflejar la cadencia irlandesa de Jim Sheridan pero nunca le preocupó la cercanía entre el personaje y la vida del director. "Desde el principio, Jim me dijo `No te fijes en mí para interpretar el personaje, porque no soy yo´", recuerda el actor. "De todos modos, tenía en la cabeza mis propias ideas acerca de Johnny. Aun así, Jim y yo habíamos trabajado tanto el personaje que a veces, en el plató, parecía incluso que no estuviera actuando. Jim tiene la costumbre de eliminar todo lo superfluo e ir a la esencia básica de la escena".

Como parte del reparto figura Sarah, la valerosa mujer de Johnny, a la que interpreta la actriz nominada a un Oscar Samantha Morton. A Sheridan le atraía la famosa sobriedad emocional de Morton, que ha dejado ver en su papel cercano al silencio en la película de Woody Allen con la que estuvo nominada al Oscar, "Acordes y desacuerdos", donde actuaba al lado de Sean Penn. "Samantha es como un termómetro emocional", dice Sheridan, "con la habilidad para llegar hasta una intensidad de lo más profunda pero manteniendo los pies en la tierra. Creo que es una de las mejores actrices de su generación y ésa es la razón por la que la escogí para el papel de Sarah".

Morton tuvo una reacción de lo más visceral respecto al guión, encontrándolo una
atractiva adaptación de temas a los que casi todo el mundo ha de enfrentarse en la vida. "Creo que trata de temas como la muerte, la confianza, la supervivencia y el amor, cosas que todos vivimos en un momento u otro"; señala. "Pero me gustaba que fuera también liviano. Es una película que te hace reír además de llorar. Y me resultaban interesantes de verdad todos y cada uno de los personajes de la película. Esto fue lo que me hizo querer participar en ella".

Como madre que es, a Morton le fue muy fácil identificarse estrechamente con la
lucha de Sarah y su enorme sensación de alegría observando cómo sus hijos
descubren América. "Podía ver a Sarah como la que tiene la tarea de mantener
unida a la familia sin importar cómo", señala Morton. "Pero también veía que
incluso aunque Sarah pareciera guardar las apariencias, dentro de ella no se ha
repuesto todavía del mazazo de la pérdida de su hijo y está en pleno proceso de
recuperación. Ella y Johnny están tratando de aceptar la situación conjuntamente".

Un factor también importante para Morton era que el guión de Sheridan ofrecía un
retrato del matrimonio con toda su complejidad y fragilidad humana. "Me gusta que la película describa la relación entre el marido y la mujer, entre los padres y los hijos, de una manera muy realista", dice. "No es una relación especialmente agradable. Ves a Sarah y a Johnny pasarlo realmente mal como pareja. Se han querido, luego se han dejado de querer, y ahora se están dando cuenta de todo el amor que aún sienten el uno por el otro, y reflejar todo eso fue una tarea muy dura, tanto para Paddy como para mí".


Dos niñas encantadas con la vida en América

Tanto Samantha Morton como Paddy Considine reconocen que sus papeles no habrían podido cobrar vida sin la ayuda de las dos jóvenes actrices que interpretan a sus hijas en la pantalla, la listilla de Christy y la curiosa Ariel, con toda su autenticidad y su corazón. Las chicas son esenciales en la fuerza de la película, convirtiéndose en los ojos a través de los cuales los espectadores ven el paisaje americano y los conflictos emocionales de la familia, por medio del desinhibido sentido del humor y el descernimiento propios de una niña.

Los realizadores hicieron una extensiva campaña de audiciones para elegir a quienes interpretaran los papeles, conscientes de que iba a ser difícil encontrar niñas que pudieran ser al mismo tiempo maduras y juguetonas, provocativas y cariñosas. Fue durante una de esas pruebas cuando a Sheridan le convenció Emma Bolger, de seis años de edad, y su inquebrantable susceptibilidad.

"Mientras Emma estaba haciendo la prueba, decidí que quería oír a otra actriz decir las mismas líneas así que le pase el guión a la siguiente. De repente, sentí que me tiraban por detrás del abrigo y vi esa cara mirándome con mucha pena porque obviamente no había tenido tacto, y Emma me dijo: `¿Va a leer mi papel?´ Supe justo entonces que era perfecta para hacer de Ariel. Tenía la sensatez propia de una niña que no iba a echarse atrás. Luego me dijo que su hermana Sarah estaba en el coche. Al principio, pensé que Sarah era demasiado joven para interpretar a Christy, o que a lo mejor me iba a tocar tener que reescribir algunos de sus diálogos, pero me equivoqué. Era perfectamente capaz de decirlos".

Samantha Morton dice de las dos niñas: "Aportaron una gran frescura, un
sentimiento realmente puro, a la película. No son actrices muy experimentadas,
pero en su lugar transmiten un verdadero amor por la vida. Cuando ves sus caras,
sientes al instante que el mundo es un lugar mejor para vivir". Para Morton, el
poder del punto de vista de un niño para mostrar un mundo más vivo, más
maravilloso, fue clave para la película. "Los niños tienen la habilidad, que la
mayoría de los adultos pierden, de ver algo bueno en todo el mundo. No se fijan si esa persona es rica o feliz o está al borde de la locura, tienen la facilidad de llegar a su espíritu verdadero", comenta.

Para que sus interpretaciones fueran reales y espontáneas, Jim Sheridan tuvo
mucho cuidado en hacer el ambiente en el plató fuese todo lo divertido que fuera
posible para las hermanas Bolger. "Creo que lo más importante es que los niños se lo tomen como un juego", dice. "Tienes que mantener la ligereza. Si empiezas a hacerles trabajar, puedes perder algo. Pero esas dos niñas eran extraordinarias, sorprendentes, casi prodigiosas en su naturalidad. Ni siquiera hablaría de que interpretaron porque fueron más allá de eso. En ellas hay un cierto tipo de magia".

De hecho, para Sheridan, ver a las niñas encarnar a sus propias hijas fue a veces extraño. "Mis hijas me decían que la razón por la que me gustó tanto trabajar con niños en esta película fue porque era como si volviera a jugar con mis hijas de nuevo, ¡excepto que esta vez hacían lo que se les decía! Pero no era verdad", afirma Sheridan. "Estaban conspirando contra mí, justo como hacen en la vida real".

A Djimon Hounsou, que interpreta a Mateo, el inesperado nuevo amigo de las niñas, también le encantaba la cualidad mágica de las pequeñas. "Son tan
maravillosas y tienen tanta vida que pueden hacer que los actores adultos parezcan bastante inútiles", dice. "Creo que la película sabe captar sus hermosas almas".

Mateo era tal vez el personaje más difícil de todo el reparto. En parte un chamán de cuento de hadas, en parte un misterio espeluznante, en parte un tenaz artista neoyorquino con su propios y graves problemas, el personaje rechazaba cualquier clasificación y exigía un tratamiento que de alguna forma fuera desmedido. Los realizadores buscaban al actor adecuado. La respuesta llegó de la mano de Djimon Hounsou, que cuenta con su propia historia como emigrante a sus espaldas, pues nació en África Occidental y vivió luego en París antes de trasladarse a Hollywood.

Jim Sheridan recuerda su poderosa audición. "Djimon llegó y le dio un giro
totalmente diferente al personaje. No estaba buscando realmente a alguien como
él, pero me di cuenta de inmediato de su fuerte presencia espiritual".

Hounsou trabajó codo con codo con Sheridan para pulir la compleja personalidad
del personaje. "Jim me ayudó de veras a entender a Mateo y a crear quien es",
señala Hounsou. "Para mí, Mateo es un hombre muy interesante, un tipo que ha
sido rechazado por su propia familia por ser como es. Pero encuentra una familia en Johnny, Sarah y en las niñas en el último momento posible". Aunque Hounsou ya
había trabajado en importantes epopeyas de Hollywood, le impresionó la osadía
emocional del reparto. "Paddy y Samantha fueron capaces de transmitir muchísimo,
incluso en las escenas más intranscendentes. Fue fantástico trabajar con ellos",
comenta.

A lo largo de su trabajo con todo el reparto de "En América", Sheridan se mantuvo centrado en que las interpretaciones fueran todo lo auténticas y relajadas que se pudiese para tener una sensación de cinema vérité o de documental en ellas. Dice: "Siempre intento captar ese algo invisible, esa cosa que a pesar de estar delante de tu cara no puedes ver en el momento, pero que tiene gran fuerza. Buscaba lo auténtico, pero es difícil de decir exactamente cómo llegas a ello. No es algo que puedas `dirigir´ en el sentido normal de la palabra. Tienes que hacer que los actores sientan que están controlando su destino y dejar que suceda".

Continúa: "Al final, trabajar con los actores es el elemento más complicado para mí, mucho más que los efectos visuales y el diseño de producción o los decorados, porque todo se reduce a la cara humana, a esos cuarenta y cuatro músculos que se pueden mover para lograr miles de expresiones".

El productor Arthur Lappin señala que Sheridan trabaja de una manera bastante
inusual respecto a la mayoría de los directores de cine. "Tiene un estilo muy
orgánico", explica. "No es la clase de director que tiene todo planeado hasta el
mínimo detalle. Más bien, busca una clase de honestidad y autenticidad en todas y cada una de las escenas y, desde luego, al ser también guionista, puede salirse del guión en cualquier momento. Por lo tanto, lo que yo intento es construir una estructura en torno a Jim que le permita tener la mayor flexibilidad y libertad posibles para que se produzca esa magia".


El Nueva York de "En América"

Gran parte de "En América" está ambientada en el edificio de apartamentos de
Nueva York donde viven Johnny y Sarah, un lúgubre edificio salpicado de pintadas, con interminables tramos de escalera y una sensación de gótica oscuridad. A pesar del ambiente en el que se encuentran inmersos, la familia crea sin embargo un hogar y descubre una comunidad en medio del caos urbano, aprendiendo a aprovechar la extraña incertidumbre y la diversidad que da el hecho de vivir en el corazón de la ciudad.

Irónicamente, Jim Sheridan y su equipo de diseño crearon el edificio donde vive la familia ¡en un plató situado en medio de Irlanda! Por razones logísticas, la producción rodó durante diez semanas en Irlanda, sobre todo interiores, pero también algunos exteriores, incluyendo las escenas de la Feria en la que Johnny pierde el dinero que tiene la familia para pagar el alquiler en su intento de ganar una muñeca.

"Nos dimos cuenta de que iba a ser difícil lograr la clase de flexibilidad que
necesitábamos para rodar esta película en un edificio de Nueva York", señala Arthur Lappin, "así que tuvimos que usar el talento del diseñador de producción Mark Geraghty para poder recrear la ciudad de Nueva York en Dublín".

Geraghty empezó con una impresionante casa vieja, que Jim Sheridan llama "el Taj
Mahal irlandés", y transformó sus largos pasillos y sus habitaciones donde se oye el eco en un típico gueto de infraviviendas, repleto de suciedad, rudeza y la energía en movimiento de Nueva York. No sin asombro, el plató se llenó de rumores que hablaban de que la casa estaba encantada, pero de haberlo estado, los fantasmas se habrían llevado un buen susto al ver su entorno; una mansión irlandesa situada al lado del mar, transformado en un cuchitril de la conocida como Cocina del Infierno.

Jim Sheridan dice de los decorados de Geraghty, que se basaban en parte en los recuerdos de Sheridan al amueblar y mantener la casa familiar con poco dinero y gangas diversas: "Creo que los lugares son un estado de ánimo (Dublín puede ser Nueva York porque está todo en tu cabeza) y los decorados de Mark lograban con éxito hacer que ese lugar en mi cabeza cobrara vida".

Después de rodar en Irlanda, la producción se dirigió a Manhattan para capturar el inefable ritmo y el vocerío de los barrios de clase baja de Nueva York, rodando en el Lower East Side y el Harlem Hispano y logrando el crucial metraje de un Manhattan enterrado bajo una capa de nieve recién caída. El énfasis aquí fue el de reflejar un Nueva York que fuera un caleidoscopio de diferentes culturas y actitudes.

"No estábamos buscando el Nueva York de los edificios famosos y sus conocidas
señas de identidad", destaca Lappin, "La película trata más de lo que sucede en las calles, de la vida de la gente común y corriente abriéndose camino en la ciudad, y buscábamos el caos y la suciedad, además de la esencia central de la comunidad".

De hecho, "En América" fue una de las primeras películas que se rodó en Nueva York tras los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre, dando al equipo un deseo aún más fuerte de querer mostrar el alma que subyace en Nueva York en la fotografía, Para lograr esto, Sheridan trabajó estrechamente con el premiado director de fotografía Declan Quinn.

"Fue fantástico trabajar con Declan", dice Sheridan. "Era la primera vez que
trabajaba con un director de fotografía irlandés y juntos nos sentíamos como en
casa. Él también había emigrado de Irlanda a los Estados Unidos cuando era un
crío, así que tenía una perspectiva muy personal sobre la historia".

Quinn y Sheridan estaban de acuerdo en que el look de la película tendría que ser intensamente íntimo, con la cámara llegando básicamente a capturar la confusión emocional de Johnny y de su familia. Al mismo tiempo, Quinn buscaba un look caliente, casi soñador, que evocara la magia que está en el corazón de la película.

"Una cosa que ocurre con Declan es que tiene un brillante sentido del color", dice Sheridan. "Da a la película una especie de cualidad propia del realismo mágico hispanoamericano que resultaba ser exactamente el tono visual adecuado para una historia de este calibre".

Rodar en Nueva York suponía para Sheridan cerrar por completo el círculo de la
historia, pues significaba viajar a la ciudad a la que en un tiempo llegó como un emigrante más, sin un duro en el bolsillo. En este sentido, afirma que "nunca
hubiera podido ambientar "En América" en otro lugar que no fuera Manhattan... es
una ciudad dura pero es fundamental en la historia. Es una historia de amor y de
esperanza sobre Nueva York".



Ficha

Ficha Técnica

Título original: "In America"
País y año: Irlanda, Reino Unido, 2002
Dirección: Jim Sheridan
Duración: 103 minutos
Guión: Jim Sheridan, Naomi Sheridan y Kirsten Sheridan
Producción: Jim Sheridan y Arthur Lappin
Música: Gavin Friday y Maurice Seezer
Fotografía: Declan Quinn
Montaje: Naomi Geraghty
Diseño de producción: Mark Geraghty
Dirección artística: Susie Cullen
Vestuario: Eimer Ni Mhaoldomhnaigh


Ficha Artística

Sarah: Samantha Morton
Johnny: Paddy Considine
Christy: Sarah Bolger
Ariel: Emma Bolger
Mateo: Djimon Hounsou


Fecha de estreno en España: 5 de diciembre de 2003


Enlaces

- Página Oficial de la Película: www.fox.co.uk/inamerica
- Página Oficial de la Película (España): www.enamerica.fox.es

Fuente: Hispano Fox Films

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